Cuando te pido que me escuches y empiezas a darme consejos, no has hecho lo que te había pedido.
Cuando te pido que me escuches y empiezas a decirme por qué no debía sentir eso, te burlas de mis sentimientos.
Cuando te pido que me escuches y sientes que debes hacer algo para resolver mi problema, me has fallado, por extraño que pueda parecer.
Escucha, lo único que te pido, es que me escuches. No que me hables o que hagas algo, te pido solamente que me escuches.
Los consejos son baratos, por un euro tengo el horóscopo en el diario.
Puedo actuar por mi mismo, no soy impotente, quizás esté algo desanimado o dudoso, pero no impotente.
Cuando haces algo por mí, algo que puedo y necesito hacer yo mismo, contribuyes a mi miedo, acentúas mi sensación de ser inadecuado.
Pero cuando aceptas como un simple hecho que siento lo que siento (poco importa si es racional), puedo parar de convencerte, y puedo intentar empezar a entender lo que hay detrás de esos sentimientos irracionales. Cuando está claro, las respuestas se vuelven evidentes y no necesito consejos.
Los sentimientos irracionales se vuelven inteligibles cuando entendemos lo que hay detrás de ellos.
Quizás sea por eso que los rezos funcionan, a veces, para algunas personas, porque Dios es mudo. Él o ella no da consejos, no intenta arreglar las cosas. Simplemente escucha, y te deja resolver el problema tú mismo.
Así que, por favor, escucha y óyeme.
Y si quieres hablar, espera solo un momento y te escucharé.
Autor anónimo indio.
Tags: ansiedad, autoestima, coach, coaching, dependencia, depresión, gestalt, terapeuta gestalt, terapia gestalt